martes 8 de diciembre de 2009

me inquieta

Estoy absurdamente obsesionada con dos temas.

Advierto que el primero vino a mi con el efecto de una bala de fragmentación.

No es la guerra, donde las partes se enajenan al beber sangre enemiga y sus miradas se trastornan. Todos han de volverse locos, odiar sin tregua, amar sin tregua, sufrir sin dolor, obedecer, dejar las trincheras y mutilarse, derramar, bramar de sed, bañarse en mierda, volar con pólvora, reír como el diablo y matar y matar para sus gobiernos.
No, no soy un soldado. Los gobiernos no se merecen la sangre de los hombres y la guerra es un abyecto.

Es el crimen. El crimen es como una saga perversa; una debilidad. Somos seres para el deseo y la contención. Quitar, torturar, traficar, defraudar, abusar del débil, esclavizar, violar, corromper, lastimar, ofender, humillar para sí … son extenuaciones del carácter. Véase al Ejército. Me inquieta su humanidad, su inevitabilidad. Me inquieta.

Las cárceles. Hombres tirando a otros hombres a pudrirse en el destierro. La cárcel también es un crimen y un abyecto. Un crimen abyecto, más que cualquier otro. Los hombres no somos lo último que hacemos.


lunes 30 de noviembre de 2009

algunos días se van, otros se quedan



Mis padres celebran hoy, treinta de noviembre de dos mil nueve, treinta y cinco años de casados. Será el sereno pero yo celebro esta fecha con un desfile de elefantes en el alma.

Todos los días de mi vida mi familia me da el refugio, la brújula, la palabra, el sitio de donde parto. Me precio -más que de cualquier otra cosa, de ser hija de mis padres, a quienes amo y respeto más allá de todo lo mundano.

En un día como este mis padres fundaron nuestra famila para quedar así como es, y no miento cuando digo que está tocada por la buena fortuna.


domingo 22 de noviembre de 2009

la mesita iluminada

Cierto como lo es, que todo es claro y sencillo, la luna se alzaría y las luces de la noche serían otra vez las luces de la noche.

Un perro verde cruzó la calle sin prisa. Se detuvo del otro lado y volteó la cabeza como para verme las piernas. Caminamos juntos una cuadra y me dejó con un guiño y un beso. Seguí caminando por la calle que ya era morada y casi negra. Buscaba el número 10. Caminando y buscando llegué al número 10. La herrería de la puerta y las ventanas recordaba la de las playas de Rosarito donde hacía muchos años me persiguió una gaviota para robarse mi sanguich. Con el codo toqué el timbre y casi dejo caer el pastel que sostenía en las manos. Vino a la puerta la vieja Concha con su cigarro en la boca y harina en el vestido, tomó el pastel y sin hablar me hizo entrar al vestíbulo.

Siempre me citaba en casas distintas y me cobraba con un pastel. Sus clientes le permitían atender en sus casas y me intrigaba por qué nunca me habría pedido a mí aquel favor.

Nos sentamos frente a una mesa cuadrada, una mujer de cada lado. Concha me dio las cartas y yo hice lo propio. Se las devolví y abrió la primera carta. Tu no eres de aquí, era la primera cosa que invariablemente decía y otra vez como el sereno y el otoño, lo dijo puntualmente. De esa misma carta descifró que yo habría de tener un vicio o dos. Luego vino un hombre, un escorpión. Vinieron más escorpiones. Mi trabajo, mi casa, mi familia, todos ellos en calma. Mis amores le consternaban, le pareció que había que atender mi intuición, leyó por ahí que había intransferencia en mis instintos.

Los versos de un poema de Idea Villariño venían incesantemente a mi cabeza.


El mar no es más que un pozo de agua oscura,

los astros sólo son barro que brilla,

el amor, sueño, glándulas, locura,

la noche no es azul, es amarilla.


Los astros sólo son barro que brilla,

el mar no es más que un pozo de agua amarga,

la noche no es azul, es amarilla,

la noche no es profunda, es fría y larga.

Nos despedimos con un abrazo. Salí por la puerta rechinante y me eché a caminar.


Los astros solo son barro que brilla …

domingo 8 de noviembre de 2009

Diletante


Nuestra heroína parece haber descubierto a lo largo del acumulado de los años, estar afecta a una adicción espiral. Sin darse cuenta, se inmiscuye una y otra y otra y otra y otra vez en relaciones triangulares y estando en ellas se desplaza hacia las aristas y en espiral; es decir, haciendo entrar nuevas variables a las triangulaciones, de tal modo que se forman en su vida triángulos espirales.

A guisa de ejemplo; si nuestra protagonista ama a alguien, ese alguien ama a alguien más y con toda seguridad ese alguien más es alguien que la ama a ella, y de pronto alguien más ama al primer alguien y ese nuevo alguien los dispara hacia el nuevo triángulo donde alguien se cae del tablero y el nuevo lleva la mano. Entonces ella se desliza hacia una nueva arista de un nuevo triángulo que cae del anterior y eventualmente todos los personajes, salvo ella, cambian. En los triángulos, naturalmente, seguido participan extraños, gente evanescente que se va como el vino, pero que ocupa un vértice que aunque vacante es permanente.

A manera de experimento, una noche decidió destriangularse de una situación en la que participaba uno de sus más perseverantes compañeros de triangulación. Le llamó para decirle que sabía que existía una cosa triangular -primer paso para la curación es admitir la enfermedad y hacerlo manifiesto, y que era necesario detener la inercia. Él, acostumbrado a las triangulaciones en las que ambos han participado de forma regular durante largo tiempo, se sorprendió quizá al grado del enfado y no pudo reaccionar. Seguramente le pareció que el ánimo de la heroína era traidor a la patológica tradición que habían cimentado juntos con tanto dolor y esperanza. Nuestra heroína se aplaudió por su proeza y simultáneamente se armaba a sí misma otro triángulo aun más mordiente y peligroso.

Al darse cuenta de ello se asumió en su adicción y ahora contempla largamente sobre ello.

lunes 21 de septiembre de 2009

Los textos se me desbocan, me manejan, me avasallan.

En años recientes he comenzado a escribir tres novelas distintas.

Aquella a la que quise llamar desdoblamientos, la concebí pintada en un bosque mudo, sostenido por columnas de luz. Tal escenario me arrojó en una vorágine poética y en ese estado de ánimo, construí un mundo insostenible para Vera, la mujer neblinosa que protagonizaba la historia. Este deslíz dio lugar a una historia vaga y desproporcionada que fracasó en la poesía, en la narración, y en demostrar la tesis original de la novela, relacionada con que la nostalgia y la paranoia son vasos comunicantes. Este fiasco quedó inscrito en medio centenar de páginas, tecleadas como con chicle en las yemas de los dedos.

La segunda novela fue, en su concepción, una aventura. En su breve existencia se llamó contra cabellera. Creí absurdamente que una aventura se hace fundamentalmente de personajes coloridos y diálogos ágiles, escenarios rumbosos y muchos incidentes. Todo era resbalón y circunstancia. Ante aquél atareado transitar de adjetivos y una cuarentena de páginas más tarde, el cuento era como un castillo de naipes. Una torre acá, una nave allá y una reina de cartón. Un lugar común tras otro, un cascarón barroco de contenido inexistente. Mi desconsuelo fue enorme, sobretodo al descubrir la frivolidad con que concibo la aventura. El archivo que lleva su nombre no es otra cosa que una renovada constancia de mi acuosidad intelectual.

La tercera apenas está hilvanada. Tiene un título tímido y un primer párrafo. Cada palabra se dice con temor a que al picarla, se enfade y me embista.

miércoles 16 de septiembre de 2009


Dicen los que saben, que se puede asir el mundo en las palabras,
que sus filamentos encierran la experiencia,
que se hacen en los ojos y se viven en la lengua,
que se mecen en el alma y se acrecientan.

Dicen que hasta el agua lo sabe,
lo mismo la agonía, el cansancio y las banderas.
Dicen que el sonido las proyecta,
y en el trayecto a su destino se hacen flecha.

Dicen que se montan una sobre otra en los discursos,
que en el canto se festejan,
que se besan, lloran y se tocan en la boca del poeta.

martes 1 de septiembre de 2009

Son apenas los albores de la década que me espera.


En esta que languidece he vivido a través de lo que hecho y lo que me ha pasado. Estudié derecho y en ello, aprendí buena parte de lo que hoy me permite pensar. Me enamoré, me enamoré mil veces, viajé a lugares insólitos, trabajé en la Suprema Corte, leí muchos libros. Estudié un posgrado, me emancipé de la casa paterna, vi morir a mi querido abuelo. Descubrí a mis padres, corrí un maratón, hice relaciones constructivas, relaciones destructivas, relaciones mágicas. Atendí a los llamados de los genios, vi a mi hermana casarse, a María tener una hija, a mi madre con cáncer. Viví las contagios del odio y en compensación, disfruté de las bellezas de los buenos amores. Consolidé mis amistades y en ello, sufrí las pérdidas necesarias. Cometí innumerables errores. Quise escribir un libro y fracasé, quise solicitar a un doctorado y fracasé, quise muchas cosas que no tengo.


Cumplo treinta años en unas semanas y presiento que la década que viene será una de contemplaciones, de internamientos. Habrá que vivirla más cerca, más atenta.


miércoles 26 de agosto de 2009

instructivo para interrogar periódicos

Advertencia: Esta es una técnica enfocada en localizar el meollo de los temas, de tal modo que si usted es un lector de periódicos que sólo busca apoyo a sus posturas, estará mejor leyendo La Jornada, El Reforma, o lo que mejor obedezca a sus inclinaciones.

Instrucciones.

1. No se deje llevar por el lenguaje emotivo de los encabezados. Si usted lee periódicos, sabrá que los editores confeccionan los encabezados apelando al morbo que caracteriza a la especie humana. Es así como logran las ventas masivas, descontando a uno que otro despistado que compra el periódico para leer a sus amigos. A ello súmele la ya antigua tradición de nuestro periodismo a las formulaciones sintácticas grotescas -por incorrectas y sucias, maniqueas y de notorio ánimo de cacería. Si usted logra mantener el ánimo investigativo sin que priven las ganas de largarse a otro país después de leer todo el Excélcior, es usted un lector exitoso.

2. Lea más de un periódico. Esto le ayudará a matizar lo que haya aprendido en su primer intento, pues verá que seguido algunos periodistas saben poquísimo sobre lo que escriben. La siguiente vez sabrá discernir mejor la información.

3. Tenga paciencia al aprender. Recuerde que los periódicos se publican a diario.

4. Formule preguntas. Al acercarse a la información, es preciso tener claro el objetivo. Si su interés es informarse sobre un tema concreto, hágale preguntas al texto y verifique su habilidad para encontrar respuestas.

5. No abuse del recurso interpretativo. Si bien es fundamental realizar una exégesis adecuada de lo leído, no caiga en la tentación de colmar de significados peregrinos los aforismos informativos. Recuerde que el periodista mexicano nunca desaprovecha la oportunidad de construir enunciados que parezcan complicados o de plano resulten ininteligibles. Deséchelos y acuda a otras fuentes.

6. No se contente con leer la nota de su interés. Trate de leer, por lo menos un día de la semana, la nota sobre volatilidad cambiaria, o la que le lleve a descubrir los enredos de Kate del Castillo. Esto le permitirá disciplinar el ojo a no obviar notas que le provean contexto al meollo.

7. No se instale en la redacción. Si usted tiene fijación por las comas, los acentos, la adecuación de los términos al significado que se busca darles o cosas parecidas, confórmese con El País o lea columnas de opinión garantizadas, so riesgo de adoptar como propias las sentencias de Miguel Ángel Granados Chapa.

8. Lea las secciones internacionales. Muy seguido pasan cosas extraordinarias en el mundo que están relacionadas con lo que pasa en la casa. Cuando aprenda sobre Corea del Norte o Afganistán, verá que nuestras autoridades electorales no están tan mal, que nuestra campechana policía de algo sirve, pero acuérdese que el día menos pensado nos cae la dictadura.

9. Sea acucioso en su lectura. No se salte las páginas remotas. Esto le evitará pasar vergüenzas.

10. Sea conservador al elegir sus favoritos. Los aventureros muchas veces nos presentan tesis atractivas que pueden o no tener verificativo en la realidad. Evite confiar en las segundas para tomar decisiones. La probabilidad de que fallen puede dejarlo en la calle.